La industria finaciera panameña

panamaPanamá ha gozado de un reciente florecimiento económico, impulsado por la afluencia de muchos capitales de riesgo y actuando como uno de los más importantes refugios bancarios del Caribe. Sin embargo, ya el país empieza a sufrir de las restricciones impuestas por las naciones desarrolladas, particularmente las europeas y los Estados Unidos, a la existencia de tales “refugios”

El Economista del 29 de octubre, titula su artículo sobre el problema panameño como “La tarea incompleta de limpiar la reputación financiera del país”, lo cual dice bastante de la forma cómo el resto de los grandes países están enfocando la situación panameña.

Bajo la dictadura de Manuel Noriega en 1980, el mundo se acostumbró a ver cómo salían y entraban en Panamá maletas repletas con dinero obtenido del negocio de las drogas. Así que no causó mayor sorpresa cuando la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OECD por sus siglas en inglés), un club de naciones ricas, incluyeron a Panamá en su “lista gris” de países con muchas suspicacias en su relaciones financieras internacionales.

Ya meses atrás, países de bastante notoriedad en el campo “gris” de los refugios financieros, como las Islas Cayman y Liechenstein, se pasaron al “lado bueno”, aceptando de no muy buena gana las reformas exigidas por la OECD para impedir las amenaza de sanciones por parte de los grandes países.

Panamá, en cambio, no ha cedido un ápice, manteniendo férreamente y aún reforzando su reputación como el paraíso fiscal de la América Latina. Los líderes políticos y de negocios del país insisten que su sistema financiero es un parangón de integridad y que Panamá ha sido injustamente seleccionada por los países ricos que han sufrido los efectos de la recesión mundial. “Los Estados Unidos constituyen el paraíso financiero más grande del mundo”, dice Juan David Morgan, abogado, señalando como ejemplo las exenciones ofrecidas a los extranjeros inversionistas. Pero ellos quieren mostrarnos como chivos expiatorios por nuestra visibilidad y por cuanto tenemos el canal, que una vez fue de ellos.

La realidad es que Panamá se encuentra muy lejos de ser el país al cual se le acusa. Sus bancos están estrictamente regulados. El abrir una cuenta en un banco panameño requiere una semana de procedimientos burocráticos, todo vigilado por una agencia oficial altamente respetada, la cual está pendiente de las grandes cuentas, especialmente. El país se ubica en cuarto lugar entre los treinta países encuestados por la “Financial Action Task Force” (un organismo creado por el Grupo de los Siete Grandes), vigilando el lavado de dinero. El gobierno mantiene una alta tasa impositiva a los capitales locales, exceptuando las inversiones extranjeras.

Sin embargo, Panamá no ha hecho progreso alguno en prevenir la evasión de impuestos por parte de extranjeros que se refugian en el país. Para ello el gobierno debe celebrar acuerdos con por lo menos 12 países, intercambiando información sobre cuentas requeridas. El país se muestra renuente a firmar estos acuerdos por cuanto ellos se refieren a ingresos obtenidos en el país. El presidente, Ricardo Mantinelli, insiste que él firmará los acuerdos para eliminar la doble imposición, los cuales permitirán el intercambio informativo de cuentas y podrían atraer las inversiones extranjeras. A pesar de haber enviado negociadores a Italia, Holanda, España y México, Martinelli no ha recibido apoyo alguno, bajo la presunción que él está tratando de alargar el tiempo lo más posible.

Las leyes corporativas panameñas también son objeto del escrutinio legal de los países del G7. En el país es posible la instalación de una compañía en minutos, sin la obligación de pagar impuestos sobre sus inversiones extranjeras y siendo admisible mantener el nombre de los accionistas en la anonimia. Los panameños insisten que esta última práctica ha estado vigente en varios países de la América.

Esta política, sumada al secreto estricto sobre la identidad de los cuenta – habientes, una economía dolarizada y facilidades extremas en las actividades del transporte y de las telecomunicaciones, ha convertido al país en un atractivo para empresas “de facto”. El país es uno de los que poseen el mayor número de compañías subsidiarias en el mundo y procede a registrar unas 45.000 nuevas empresas “offshore” cada año.

Además, Panamá es un destino atractivo para el lavado de dinero. Su ubicación la convierte en la única ruta terrestre para los traficantes de droga desde la América del Sur a Norte América. La zona de mercado libre maneja unos 19 mil millones de dólares de bienes al año, presentando buenas oportunidades para el lavado de dinero. Igualmente la industria de la construcción está en pleno auge, con unos 18 mil apartamentos en construcción entre abril del 2008 y diciembre del 2010, haciendo que los locales denominen los nuevos edificios como las “torres de la cocaína”.

Sin embargo existen motivaciones legítimas para el auge de la construcción. Muchas empresas multinacionales tienen oficinas en Panamá y el país atrae estadounidenses retirados, así como colombianos y venezolanos nerviosos por la situación en sus respectivos países. Pero la velocidad de desarrollo de los proyectos también provoca la atención de los suspicaces, particularmente debido a que los constructores pagan a sus empleados y suplidores estrictamente en efectivo. Gabriel Btesh, un contratista, dice que los rusos han estado activos inundando el mercado, adquiriendo propiedades en las playas por medio de corredores y terceras personas, tratando de evitar su identificación. El escuadrón anti-drogas del gobierno tiene apenas una docena de funcionarios empleados y ha registrado solo 21 casos en lo que va de año.

Sin embargo, el artículo dice que Panamá no podrá continuar su libre carrera por mucho tiempo, por cuanto los grandes bancos franceses y españoles están clausurando sus operaciones en el país, bajo su adhesión a la OECD. Igualmente el tratado de comercio con los Estados Unidos está en peligro de cierre.

El Presidente Martinelli se muestra un tanto desafiante y alega que Panamá, a diferencia de los países caribeños, tiene una economía realística, lo cual hace los negocios un tanto más complicados. Dulcidio de la Guardia, viceministro de las finanzas, manifiesta que Panamá quiere ser un miembro responsable de la comunidad internacional, pero que siempre mantendrá sus intereses por delante.

Andrés E. González Añez. Coordinador de proyectos y estudios

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